Estos pastelitos o pastas están inspirados en una famosa elaboración asturiana conocidos como Carajitos del profesor. Tienen una curiosa historia, que podéis ver aquí.
Son unas sencillas pastas elaboradas con avellanas, azúcar y claras de huevo.
Hace mucho tiempo que quería hacerlas y me han quedado muy ricas.
Jugosas y crujientes, son pura avellana. Yo he usado en esta ocasión unas riquísimas avellanas ecológicas.
También he usado azúcar moreno y no he podido resistir la tentación de aromatizarlas con un toque de vainilla.
Los frutos secos son fuente de ácidos grasos saludables cuyo consumo reduce el riesgo cardiovascular. Además son ricos en vitaminas, minerales y fibra.
Ya he hablado en otras ocasiones en este blog de las virtudes y beneficios del consumo de frutos secos. Así que no me voy a alargar más...
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miércoles, 23 de enero de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
Tarta de peras y avellanas con streussel
De origen alemán, el streussel es una cobertura de mantequilla, azúcar y harina, principalmente, que se añade sobre algunas preparaciones antes de hornearlas. Esto da a estas un acabado crujiente y dulce. Literalmente, significa esparcir, y aunque generalmente lo encontramos como un acabado en tartas, muffins, u otras recetas, también lo podemos encontrar mezclado con la masa.
Mi tarta de peras lleva el streussel como remate y, además de la receta original de este, lleva también avellanas tostadas y especias (canela y jengibre).
Un jugoso bizcocho de avellanas con pera fresca troceada, con ese topping del que ya hemos hablado.
Suave, aromático y delicado.
Acompañado de un rico té, o con un simple vaso de leche caliente, resulta una exquisita merienda o un desayuno energético y saludable.
Utilicé avellanas y peras ecológicas, consiguiendo un sabor muy intenso. Siempre que puedo compro productos biológicos.
Mi tarta de peras lleva el streussel como remate y, además de la receta original de este, lleva también avellanas tostadas y especias (canela y jengibre).
Un jugoso bizcocho de avellanas con pera fresca troceada, con ese topping del que ya hemos hablado.
Suave, aromático y delicado.
Acompañado de un rico té, o con un simple vaso de leche caliente, resulta una exquisita merienda o un desayuno energético y saludable.
Utilicé avellanas y peras ecológicas, consiguiendo un sabor muy intenso. Siempre que puedo compro productos biológicos.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Baklava
Esta especialidad que llega del Mediterráneo Oriental es famosa y admirada en buena parte del mundo, y tiene su origen, al parecer, entre los asirios en el siglo VIII a.C. Entre estos y los antiguos babilonios se disputan el honor de haber puesto frutos secos picados entre varias capas de algún pan que cocinarían en sus primitivos hornos de madera.
Más tarde serían los marinos y mercaderes griegos los que descubrieron las delicias del baklava y lo llevaron a Atenas. Parece que fue aquí donde se perfeccionaría la masa haciéndola más fina comparada con el modelo asirio que se parecía más a la de un pan, hasta asemejarse a su aspecto actual, envueltos en la delicada y crujiente pasta filo.
Tras la invasión otomana, sería en las refinadas cocinas de los palacios de Constantinopla donde el baklava llegaría a su máxima expresión. Hasta hoy mismo se puede escuchar un dicho popular en Turquía que dice "No soy tan rico para poder comer baklava todos los días".
No hay que ser rico para comer un buen baklava pues se trata de una especialidad sencilla, aunque delicada y exquisita si probamos alguna que haya sido elaborada por un cocinero de confianza con ingredientes de calidad.
Muchas capas de pasta filo, miel y frutos secos son la base de todos, y las versiones que podemos encontrar son tantas como sean los que se atrevan con ellas.
Mi primera versión particular lleva almendras, pistachos, avellanas y sésamo. Azúcar moreno y un toque de canela y jengibre. Y un jarabe de miel, limón y otras especias que baña el dulce una vez horneado.
Crujiente y aromático, el baklava es muy nutritivo, dulce y adictivo... Una porción suele bastar, pero se presta a más interpretaciones...
Acompañado de un buen café turco o de un té a la menta nos transporta a jardines aromáticos entretenidos por surtidores y músicas orientales.
Más tarde serían los marinos y mercaderes griegos los que descubrieron las delicias del baklava y lo llevaron a Atenas. Parece que fue aquí donde se perfeccionaría la masa haciéndola más fina comparada con el modelo asirio que se parecía más a la de un pan, hasta asemejarse a su aspecto actual, envueltos en la delicada y crujiente pasta filo.
Tras la invasión otomana, sería en las refinadas cocinas de los palacios de Constantinopla donde el baklava llegaría a su máxima expresión. Hasta hoy mismo se puede escuchar un dicho popular en Turquía que dice "No soy tan rico para poder comer baklava todos los días".
No hay que ser rico para comer un buen baklava pues se trata de una especialidad sencilla, aunque delicada y exquisita si probamos alguna que haya sido elaborada por un cocinero de confianza con ingredientes de calidad.
Muchas capas de pasta filo, miel y frutos secos son la base de todos, y las versiones que podemos encontrar son tantas como sean los que se atrevan con ellas.
Mi primera versión particular lleva almendras, pistachos, avellanas y sésamo. Azúcar moreno y un toque de canela y jengibre. Y un jarabe de miel, limón y otras especias que baña el dulce una vez horneado.
Crujiente y aromático, el baklava es muy nutritivo, dulce y adictivo... Una porción suele bastar, pero se presta a más interpretaciones...
Acompañado de un buen café turco o de un té a la menta nos transporta a jardines aromáticos entretenidos por surtidores y músicas orientales.
viernes, 5 de octubre de 2012
Pastel sin miramientos
Hace unos días me encargaron un par de tartas para un cumpleaños. Dos hermanos coinciden en celebrarlo el mismo día. Para el niño, estaba claro. Haríamos una tarta de chocolate, y nos decidimos por hacer una Tarta Sacher. Le hice una decoración infantil y ¡olvidé hacerle una foto! (he tenido mucho trabajo estos días, y algo tenía que olvidarme...).
Y para la niña querían alguna que fuese bonita y vistosa, con frutas. Lo dejaron a mi elección.
Así que me puse manos a la obra. Y me decidí por una receta que hacía tiempo que quería hacer.
Un bizcocho de avellanas que he rellenado con frutas y con crema de mascarpone, que es la misma con la que se termina el pastel. Rematada con almendras fileteadas y tostadas. En el relleno he puesto fresas, nectarina y plátano. En el exterior he cambiado el plátano por unas frambuesas.
También he preparado el mascarpone en casa, siguiendo esta receta que encontré hace unos días en la red. Os aconsejo que la sigáis, pues es muy fácil y resulta bastante más económico que comprarlo. Además puedes preparar la cantidad que necesites, y no te quedan restos de queso que no usas en el frigorífico. En el mismo blog también hay una receta para elaborar ricotta que todavía no he probado.
Y para la niña querían alguna que fuese bonita y vistosa, con frutas. Lo dejaron a mi elección.
Así que me puse manos a la obra. Y me decidí por una receta que hacía tiempo que quería hacer.
Un bizcocho de avellanas que he rellenado con frutas y con crema de mascarpone, que es la misma con la que se termina el pastel. Rematada con almendras fileteadas y tostadas. En el relleno he puesto fresas, nectarina y plátano. En el exterior he cambiado el plátano por unas frambuesas.
También he preparado el mascarpone en casa, siguiendo esta receta que encontré hace unos días en la red. Os aconsejo que la sigáis, pues es muy fácil y resulta bastante más económico que comprarlo. Además puedes preparar la cantidad que necesites, y no te quedan restos de queso que no usas en el frigorífico. En el mismo blog también hay una receta para elaborar ricotta que todavía no he probado.
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