Esta especialidad que llega del Mediterráneo Oriental es famosa y admirada en buena parte del mundo, y tiene su origen, al parecer, entre los asirios en el siglo VIII a.C. Entre estos y los antiguos babilonios se disputan el honor de haber puesto frutos secos picados entre varias capas de algún pan que cocinarían en sus primitivos hornos de madera.
Más tarde serían los marinos y mercaderes griegos los que descubrieron las delicias del baklava y lo llevaron a Atenas. Parece que fue aquí donde se perfeccionaría la masa haciéndola más fina comparada con el modelo asirio que se parecía más a la de un pan, hasta asemejarse a su aspecto actual, envueltos en la delicada y crujiente pasta filo.
Tras la invasión otomana, sería en las refinadas cocinas de los palacios de Constantinopla donde el baklava llegaría a su máxima expresión. Hasta hoy mismo se puede escuchar un dicho popular en Turquía que dice "No soy tan rico para poder comer baklava todos los días".
No hay que ser rico para comer un buen baklava pues se trata de una especialidad sencilla, aunque delicada y exquisita si probamos alguna que haya sido elaborada por un cocinero de confianza con ingredientes de calidad.
Muchas capas de pasta filo, miel y frutos secos son la base de todos, y las versiones que podemos encontrar son tantas como sean los que se atrevan con ellas.
Mi primera versión particular lleva almendras, pistachos, avellanas y sésamo. Azúcar moreno y un toque de canela y jengibre. Y un jarabe de miel, limón y otras especias que baña el dulce una vez horneado.
Crujiente y aromático, el baklava es muy nutritivo, dulce y adictivo... Una porción suele bastar, pero se presta a más interpretaciones...
Acompañado de un buen café turco o de un té a la menta nos transporta a jardines aromáticos entretenidos por surtidores y músicas orientales.
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miércoles, 5 de diciembre de 2012
viernes, 31 de agosto de 2012
Pan de especias
Perfectos para cualquier momento, acompañando un café o un té, o incluso alguna bebida fría. Una sencilla receta con miel, un toque de cacao y muchas especias: un buen desayuno o merienda.
Con canela, cardamomo, y otras especias, cada vez que los hago varío las proporciones y algunas veces también olvido algunas y pongo otras, con lo que siempre son distintos.
Se pueden untar con mantequilla, mermelada, crema de cacao, mantequilla de cacahuete... lo que se te ocurra.
lunes, 20 de agosto de 2012
Tartitas de higos y pistachos
Para una cena, me encargaron un dulce que no fuera necesario comer a la mesa, informal y sin necesidad de usar cubiertos. Tenía alguna ideas, pero me propuse investigar sobre algún postre con fruta de temporada para que resultara jugoso.
Así me encontré con una receta olvidada que había guardado hace ya algún tiempo. La encontré en una web de cocina japonesa. Pero no se trataba de un plato japonés, sino de un pastelito griego. Se presenta en pequeñas tartaletas y se rellenan con higos y pistachos, aderezados con miel y canela.
Para una primera prueba con la receta he preferido usar hojaldre, pues a mí me gusta especialmente el resultado de la masa de hojaldre con tartas de fruta.
Así me encontré con una receta olvidada que había guardado hace ya algún tiempo. La encontré en una web de cocina japonesa. Pero no se trataba de un plato japonés, sino de un pastelito griego. Se presenta en pequeñas tartaletas y se rellenan con higos y pistachos, aderezados con miel y canela.
Para una primera prueba con la receta he preferido usar hojaldre, pues a mí me gusta especialmente el resultado de la masa de hojaldre con tartas de fruta.
Para rematar el hojaldre preparé un frangipane que hace un contraste muy sabroso sobre la masa. Y sin más rodeos, el relleno de la receta original sobre este.
No he tardado mucho en probarlas: el tiempo justo para dejarlas que se enfríen...
Y el resultado: todo un éxito.
Los contrastes de texturas y de sabor me han parecido bastante sugerentes. El sabor del higo fresco se ha visto realzado por el toque ligero de la canela y la miel. Y la textura cremosa del higo arropada por el cuerpo del hojaldre y el frangipane y por los pistachos crujientes.
Al final no ha quedado ni uno...
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