Aunque el muffin se parece en la forma a nuestra tradicional magdalena, sus ingredientes y su preparación no son en absoluto los mismos.
Su origen se encuentra en Inglaterra, donde ya existe constancia en recetarios desde el siglo XVIII. Aunque la etimología de la palabra parece que está en la francesa moufflet, un pan suave.
Sus ingredientes básicos son harina de trigo, huevos, leche, azúcar y aceite vegetal o mantequilla. Además, suelen aromatizarse con alguna esencia, especialmente la de vainilla.
Pero lo más interesante de estos pequeños pastelitos es que podemos hacerlos con lo que se nos ocurra. Prácticamente se pueden hacer de cualquier cosa. Por eso resultan tan atractivos a los nuevos reposteros, ya que se pueden variar tanto sus ingredientes como las maneras de presentarlos.
Yo he hecho, para estrenarme con esta nueva preparación, unos con coco y pepitas de chocolate. Y los he hecho en dos tamaños. Así, de una tirada he hecho minimuffins además del tamaño más standard.
Suaves y jugosos, el coco les da mucho sabor y una textura intensa. Y el toque amargo de chocolate compensa el dulzor. Aromatizados con esencia de vainilla, en esta ocasión he preferido la mantequilla al aceite, pues estoy más habituado a su uso.
Entre los dos formatos, me parece que me quedo con los más pequeños. Son muy tentadores, y te comes más de uno sin darte cuenta.
Además su presentación es más simpática y son muy manejables.
Ideales para todo momento u ocasión: desayunos, meriendas, tentempié...
¡Y también aptos para todos los públicos!
jueves, 18 de octubre de 2012
martes, 16 de octubre de 2012
Pastel de higos
Ahora que el verano ya toca a su fin, los frutos secos son los claros protagonistas de los dulces y tartas. Tanto por sus variados sabores como por su múltiples propiedades para el organismo, el consumo de frutos secos es tan atractivo como recomendable.
Hoy volvemos a Grecia para descubrir un sencillo y a la par mágico pastel de higos. Aunque se elabora también con higos frescos, yo lo he hecho con el fruto desecado de unos preciosos higos ecológicos de la finca de un amigo que hemos estado consumiendo casi todo el verano, y que él mismo ha preparado.
Los higos secos nos proporcionan seis veces más energía que los frescos, aportándonos también gran cantidad de minerales y vitaminas, además de mucha fibra.
Además, he añadido nueces (que no estaban en la receta original) y la masa está hecha con pasta de almendra. En definitiva, una suculenta y nutritiva combinación.
El resultado ha sido una exquisita y esponjosa tarta ligera, aromatizada con vino moscatel y esencia de vainilla que se puede acompañar de algún helado, nata fresca o tomarla tal cual, acompañando a nuestra bebida favorita. Exquisita acompañando a algún vino dulce de Málaga, o también algún oloroso...
Hoy volvemos a Grecia para descubrir un sencillo y a la par mágico pastel de higos. Aunque se elabora también con higos frescos, yo lo he hecho con el fruto desecado de unos preciosos higos ecológicos de la finca de un amigo que hemos estado consumiendo casi todo el verano, y que él mismo ha preparado.
Los higos secos nos proporcionan seis veces más energía que los frescos, aportándonos también gran cantidad de minerales y vitaminas, además de mucha fibra.
Además, he añadido nueces (que no estaban en la receta original) y la masa está hecha con pasta de almendra. En definitiva, una suculenta y nutritiva combinación.
El resultado ha sido una exquisita y esponjosa tarta ligera, aromatizada con vino moscatel y esencia de vainilla que se puede acompañar de algún helado, nata fresca o tomarla tal cual, acompañando a nuestra bebida favorita. Exquisita acompañando a algún vino dulce de Málaga, o también algún oloroso...
domingo, 14 de octubre de 2012
Sedgemoor Biscuits
Hoy os traigo una receta de galletas inglesa. De ahí que use la palabra biscuits, ya que en Inglaterra a las galletas las llaman así, y no cookies, que es como las llaman en Norteamérica (nombre que también nosotros hemos adoptado, y que yo suelo usar aunque algún seguidor del blog me ha preguntado por qué no las llamo sencillamente galletas...).
Se trata de una receta típica de la Pascua, época de dulces especiales en todas las regiones de tradición cristiana. Al parecer, quien primero la recoge es Florence White en su libro 'Good Things in England', un glosario de recetas de la cocina tradicional inglesa que la autora recogió con la intención de darle valor frente a la más famosa cocina francesa.
Se sirven el Domingo de Resurrección, atadas con una cinta de tres en tres para representar la Trinidad, y se acompañan con los también tradicionales huevos de Pascua.
Son unas galletas aromatizadas con vainilla, aunque en algunas recetas las he visto con aceite esencial de laurel, algo más difícil de conseguir, y especiadas con diversas mezclas de especias en las que siempre aparece la canela. Aunque la principal protagonista sea la pasa. Frutos secos y especias, como estrellas de los dulces de Pascua (como ya veíamos en otro dulce propio de estas fechas, las koulourakias griegas).
Son unas galletas intensas y sabrosas que tienen un sabor equilibrado. Las pasas se pueden bañar en brandy, lo que les añade un carácter especial, una pequeña sorpresa añadida. Yo he usado jengibre además de la canela y la esencia de vainilla. También las he rematado con un glaseado de azúcar y leche fresca, que le da un toque crujiente añadido, aunque este remate es opcional pudiendo también encontrarlas espolvoreadas con azúcar glas o simplemente con azúcar granulado que se pone antes de hornear.
Para mí han sido todo un descubrimiento, riquísimas con el té de la tarde. Aunque las imagino igual de ricas acompañando un buen café.
Además, se pueden variar algunos ingredientes como las pasas y las especias, consiguiendo efectos distintos. También se puede probar a hacerlas con mantequilla salada para dar contraste al dulce... En fin, una galleta más de las que se pueden hacer de distintas maneras cambiando sus ingredientes. ¡Todo un hallazgo!
Se trata de una receta típica de la Pascua, época de dulces especiales en todas las regiones de tradición cristiana. Al parecer, quien primero la recoge es Florence White en su libro 'Good Things in England', un glosario de recetas de la cocina tradicional inglesa que la autora recogió con la intención de darle valor frente a la más famosa cocina francesa.
Se sirven el Domingo de Resurrección, atadas con una cinta de tres en tres para representar la Trinidad, y se acompañan con los también tradicionales huevos de Pascua.
Son unas galletas aromatizadas con vainilla, aunque en algunas recetas las he visto con aceite esencial de laurel, algo más difícil de conseguir, y especiadas con diversas mezclas de especias en las que siempre aparece la canela. Aunque la principal protagonista sea la pasa. Frutos secos y especias, como estrellas de los dulces de Pascua (como ya veíamos en otro dulce propio de estas fechas, las koulourakias griegas).
Son unas galletas intensas y sabrosas que tienen un sabor equilibrado. Las pasas se pueden bañar en brandy, lo que les añade un carácter especial, una pequeña sorpresa añadida. Yo he usado jengibre además de la canela y la esencia de vainilla. También las he rematado con un glaseado de azúcar y leche fresca, que le da un toque crujiente añadido, aunque este remate es opcional pudiendo también encontrarlas espolvoreadas con azúcar glas o simplemente con azúcar granulado que se pone antes de hornear.
Para mí han sido todo un descubrimiento, riquísimas con el té de la tarde. Aunque las imagino igual de ricas acompañando un buen café.
Además, se pueden variar algunos ingredientes como las pasas y las especias, consiguiendo efectos distintos. También se puede probar a hacerlas con mantequilla salada para dar contraste al dulce... En fin, una galleta más de las que se pueden hacer de distintas maneras cambiando sus ingredientes. ¡Todo un hallazgo!
viernes, 12 de octubre de 2012
El Negro
Una de las primeras tartas de chocolate que empecé a hacer hace ya mucho tiempo es esta que os presento hoy aquí.
Desde la primera "versión" hasta la que hago ahora, casi quince años después, hay bastante diferencia. Desde entonces he aprendido mucho de repostería, todo hay que decirlo... y la he mejorado bastante.
El Negro es una tarta de chocolate puro y almendra molida, casi un mazapán, suave a la par que entera y nutritiva. Aromatizada con vainilla pura, es una de mis tartas de chocolate preferidas.
Rematada con una ganaché de chocolate, es todo un placer. Pariente del bombón y de la trufa.
Yo no necesito ninguna excusa para hacer y devorar una, solo un empujoncito y el Negro está hecho y sobre la mesa...
Podemos acompañarla como se nos antoje. O tomarla tal cual, acompañando a un buen café solo o a un buen té. Ponle un poco de mermelada de frutos rojos, o de naranja (amarga o dulce), chocolate fundido...
Con crema montada o líquida se convierte en el Negro en Camisón.
Es una tarta que no lleva ningún tipo de harina, por lo que es perfectamente apta para celíacos.
Desde la primera "versión" hasta la que hago ahora, casi quince años después, hay bastante diferencia. Desde entonces he aprendido mucho de repostería, todo hay que decirlo... y la he mejorado bastante.
El Negro es una tarta de chocolate puro y almendra molida, casi un mazapán, suave a la par que entera y nutritiva. Aromatizada con vainilla pura, es una de mis tartas de chocolate preferidas.
Rematada con una ganaché de chocolate, es todo un placer. Pariente del bombón y de la trufa.
Yo no necesito ninguna excusa para hacer y devorar una, solo un empujoncito y el Negro está hecho y sobre la mesa...
Podemos acompañarla como se nos antoje. O tomarla tal cual, acompañando a un buen café solo o a un buen té. Ponle un poco de mermelada de frutos rojos, o de naranja (amarga o dulce), chocolate fundido...
Con crema montada o líquida se convierte en el Negro en Camisón.
Es una tarta que no lleva ningún tipo de harina, por lo que es perfectamente apta para celíacos.
domingo, 7 de octubre de 2012
Cookies de cacao rellenas de mantequilla de cacahuete
Aunque los mayores consumidores a nivel mundial de la mantequilla de cacahuete sean los Estados Unidos, no es un producto que tenga su origen en ese país, contrariamente a lo que se piensa. Son solo los que lo comercializaron por primera vez. Ya los incas hacían un preparado con una pasta de cacahuete hacia 950 a. C. Así, el origen de la palabra viene del inca cacahuatl.
Los primeros exploradores trajeron la planta del cacahuete desde América hasta África, donde se plantaron por primera vez en el hemisferio occidental. De aquí los cacahuetes llegaron a España y después llevados a América del Norte, donde las primeras plantaciones comerciales datan de principios del siglo XIX.
A mí me gusta especialmente la mantequilla de cacahuete. Tanto la suave como la crujiente. Y la he consumido en las más variadas versiones y mezclas.
No es la primera vez que os presento unas galletas con ella como protagonista. Aquí podéis ver la primera versión.
Hoy he cocinado unas galletas que tienen una personalidad muy característica, con dos cuerpos diferentes. El exterior es crujiente, lleno de sabor a cacao y vainilla, y recubiertas de azúcar. Y el interior es un suave relleno de mantequilla de cacahuete.
Son muy energéticas y dulces. Aptas para todos los públicos, para niños y para mayores golosos.
Acompañan muy bien a un buen café. Pero se pueden tomar con cualquier otra bebida, como té, chocolate caliente o un vaso de leche. Y también en cualquier momento que necesitemos una buena inyección de energía. Aunque no hacen falta excusas para este bocado dulce.
Perfectas para echar a la mochila un día de excursión o senderismo para reponer energías.
Esta agradable sorpresa nos espera al morderlas.
(Su nombre en inglés Buckeye Peanut Butter Cup Cookies hacen referencia al relleno que puede recordar un ojo de ciervo)
Los primeros exploradores trajeron la planta del cacahuete desde América hasta África, donde se plantaron por primera vez en el hemisferio occidental. De aquí los cacahuetes llegaron a España y después llevados a América del Norte, donde las primeras plantaciones comerciales datan de principios del siglo XIX.
A mí me gusta especialmente la mantequilla de cacahuete. Tanto la suave como la crujiente. Y la he consumido en las más variadas versiones y mezclas.
No es la primera vez que os presento unas galletas con ella como protagonista. Aquí podéis ver la primera versión.
Hoy he cocinado unas galletas que tienen una personalidad muy característica, con dos cuerpos diferentes. El exterior es crujiente, lleno de sabor a cacao y vainilla, y recubiertas de azúcar. Y el interior es un suave relleno de mantequilla de cacahuete.
Son muy energéticas y dulces. Aptas para todos los públicos, para niños y para mayores golosos.
Acompañan muy bien a un buen café. Pero se pueden tomar con cualquier otra bebida, como té, chocolate caliente o un vaso de leche. Y también en cualquier momento que necesitemos una buena inyección de energía. Aunque no hacen falta excusas para este bocado dulce.
Perfectas para echar a la mochila un día de excursión o senderismo para reponer energías.
Esta agradable sorpresa nos espera al morderlas.
(Su nombre en inglés Buckeye Peanut Butter Cup Cookies hacen referencia al relleno que puede recordar un ojo de ciervo)
viernes, 5 de octubre de 2012
Pastel sin miramientos
Hace unos días me encargaron un par de tartas para un cumpleaños. Dos hermanos coinciden en celebrarlo el mismo día. Para el niño, estaba claro. Haríamos una tarta de chocolate, y nos decidimos por hacer una Tarta Sacher. Le hice una decoración infantil y ¡olvidé hacerle una foto! (he tenido mucho trabajo estos días, y algo tenía que olvidarme...).
Y para la niña querían alguna que fuese bonita y vistosa, con frutas. Lo dejaron a mi elección.
Así que me puse manos a la obra. Y me decidí por una receta que hacía tiempo que quería hacer.
Un bizcocho de avellanas que he rellenado con frutas y con crema de mascarpone, que es la misma con la que se termina el pastel. Rematada con almendras fileteadas y tostadas. En el relleno he puesto fresas, nectarina y plátano. En el exterior he cambiado el plátano por unas frambuesas.
También he preparado el mascarpone en casa, siguiendo esta receta que encontré hace unos días en la red. Os aconsejo que la sigáis, pues es muy fácil y resulta bastante más económico que comprarlo. Además puedes preparar la cantidad que necesites, y no te quedan restos de queso que no usas en el frigorífico. En el mismo blog también hay una receta para elaborar ricotta que todavía no he probado.
Y para la niña querían alguna que fuese bonita y vistosa, con frutas. Lo dejaron a mi elección.
Así que me puse manos a la obra. Y me decidí por una receta que hacía tiempo que quería hacer.
Un bizcocho de avellanas que he rellenado con frutas y con crema de mascarpone, que es la misma con la que se termina el pastel. Rematada con almendras fileteadas y tostadas. En el relleno he puesto fresas, nectarina y plátano. En el exterior he cambiado el plátano por unas frambuesas.
También he preparado el mascarpone en casa, siguiendo esta receta que encontré hace unos días en la red. Os aconsejo que la sigáis, pues es muy fácil y resulta bastante más económico que comprarlo. Además puedes preparar la cantidad que necesites, y no te quedan restos de queso que no usas en el frigorífico. En el mismo blog también hay una receta para elaborar ricotta que todavía no he probado.
Bizcocho de yogur y amaretto. Receta.
Siempre está bien tener a mano una receta de un bizcocho esponjoso para cualquier momento.
Yo he encontrado esta que quiero compartir con vosotros. Es muy fácil de hacer y seguro que tenéis de todo en casa.
A mí me quedó así de bien...
La untuosidad del yogur, que nos permite usar poca mantequilla, y el aroma de la almendra le dan una personalidad muy especial.
Además, nos sirve de base para terminarla como más nos apetezca.
O también dejarla tal como está y acompañarla de alguna mermelada de frutos rojos u otra que queramos, así podemos variar con cada trozo que tomemos.
Os traduzco la receta, por si os resulta más fácil.
Ingredientes:
300 grs. de harina
1 cc de levadura en polvo
1/2 cc de bicarbonato sódico
1/2 cc de sal
180-220 grs de azúcar
1 huevo mediano (~50 grs)
70 grs de mantequilla, a temperatura ambiente
~280 grs de yogur
1 cc de extracto de almendra
azúcar glas
Instrucciones:
1. Precalentar el horno a 180ºC
2. Tamizar en un bol la harina, la sal, la levadura y el bicarbonato sódico. Reservar.
3. Batir la mantequilla con el azúcar, hasta que esté ligero y esponjoso.
4. Añadir el huevo y batir hasta que quede incorporado.
5. Mezclar el yogur y la esencia de almendra.
6. Añadir e incorporar los ingredientes secos.
7. Verter uniformemente en un molde desmontable de 22 cm. previamente engrasado.
8. Hornear de 30 a 35 minutos.
9. Dejar enfriar y espolvorear con azúcar glas.
Observaciones:
Es posible que puedas necesitar algo más de yogur, asegúrate de que tienes más. Aunque la cantidad reseñada suele ser suficiente. También lo puedes sustituir con un poco de nata hasta completar.
Puedes usar yogur desnatado o de sabores. Así como añadir otros ingredientes o sabores, ya que este bizcocho se adapta bastante bien.
Sugerencias:
Comer a cualquier hora o como un postre ligero acompañado de frutas rojas frescas...
Yo lo he comido con mermelada de frambuesa y de melocotón. También con una ganaché de chocolate.
O lo podéis rellenar con lo que más os guste y terminar con cualquier glaseado.
Es un bizcocho apto para mentes creativas...
Como podéis ver en la segunda fotografía, con la tarta recién salida del horno, le pongo al molde papel sulfurizado en las paredes. Así evitamos que se pegue y nos resulte difícil limpiar el molde después. Del mismo pliego que voy a usar recorto unas bandas que luego pego al molde con un poco de mantequilla, así de fácil ( y limpio...).
Espero que os animéis y lo hagáis.
Yo he encontrado esta que quiero compartir con vosotros. Es muy fácil de hacer y seguro que tenéis de todo en casa.
A mí me quedó así de bien...
La untuosidad del yogur, que nos permite usar poca mantequilla, y el aroma de la almendra le dan una personalidad muy especial.
Además, nos sirve de base para terminarla como más nos apetezca.
O también dejarla tal como está y acompañarla de alguna mermelada de frutos rojos u otra que queramos, así podemos variar con cada trozo que tomemos.
Os traduzco la receta, por si os resulta más fácil.
Ingredientes:
300 grs. de harina
1 cc de levadura en polvo
1/2 cc de bicarbonato sódico
1/2 cc de sal
180-220 grs de azúcar
1 huevo mediano (~50 grs)
70 grs de mantequilla, a temperatura ambiente
~280 grs de yogur
1 cc de extracto de almendra
azúcar glas
Instrucciones:
1. Precalentar el horno a 180ºC
2. Tamizar en un bol la harina, la sal, la levadura y el bicarbonato sódico. Reservar.
3. Batir la mantequilla con el azúcar, hasta que esté ligero y esponjoso.
4. Añadir el huevo y batir hasta que quede incorporado.
5. Mezclar el yogur y la esencia de almendra.
6. Añadir e incorporar los ingredientes secos.
7. Verter uniformemente en un molde desmontable de 22 cm. previamente engrasado.
8. Hornear de 30 a 35 minutos.
9. Dejar enfriar y espolvorear con azúcar glas.
Observaciones:
Es posible que puedas necesitar algo más de yogur, asegúrate de que tienes más. Aunque la cantidad reseñada suele ser suficiente. También lo puedes sustituir con un poco de nata hasta completar.
Puedes usar yogur desnatado o de sabores. Así como añadir otros ingredientes o sabores, ya que este bizcocho se adapta bastante bien.
Sugerencias:
Comer a cualquier hora o como un postre ligero acompañado de frutas rojas frescas...
Yo lo he comido con mermelada de frambuesa y de melocotón. También con una ganaché de chocolate.
O lo podéis rellenar con lo que más os guste y terminar con cualquier glaseado.
Es un bizcocho apto para mentes creativas...
Como podéis ver en la segunda fotografía, con la tarta recién salida del horno, le pongo al molde papel sulfurizado en las paredes. Así evitamos que se pegue y nos resulte difícil limpiar el molde después. Del mismo pliego que voy a usar recorto unas bandas que luego pego al molde con un poco de mantequilla, así de fácil ( y limpio...).
Espero que os animéis y lo hagáis.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Koulourakia
Siguiendo con mis viajes culinarios por el Mediterráneo, hoy le toca el turno a unas galletas tradicionales griegas que se preparan en Semana Santa y se consumen el día de Pascua.
Las koulourakia (pronunciado ku·lu·rá·kia) son unas galletas a las que se les suele dar forma de trenza, lazo, espiral o incluso forma de galleta clásica, se glasean con huevo y se espolvorean con sésamo. Parece que su origen está en la isla de Creta, en la cultura minóica, donde se les daba forma de serpiente, ya que eran adoradores de este ofidio.
Se elaboran con mantequilla, harina, huevos y leche. Y se les añade una especie conocida en la cocina del Mediterráneo Oriental como mahlep, mahlaba o mahleb. Esta se extrae de las semillas de las cerezas de Sta. Lucía (Prunus Mahaleb). Tiene un aroma que recuerda la mezcla del sabor de la almendra amarga y de la cereza. Muy usada en esa zona, por aquí es muy difícil de conseguir. Como no quería dejar de darle un toque aromático, cosa que ya habréis adivinado que me gusta, yo he elaborado mi particular mezcla. No he conseguido ningún sucedáneo de la especia que os contaba, pero las galletas tienen un sabor en el que no prevalece ninguna de las especias que he puesto (canela, jengibre, nuez moscada, cúrcuma). De hecho, parece que sea una especia particular y que ninguna de ellas esté realmente en la masa.
El resultado ha sido realmente sorprendente. Unas galletas con unos ingredientes sencillos y habituales, y de una textura crujiente y entera a la par que de sabor suave y lleno de matices.La mantequilla y la leche le dan una personalidad muy especial a la masa, sin que sus sabores prevalezcan en modo alguno. Tampoco son especialmente dulces, por lo que tienen personalidad propia.
Exquisitas con el té. Aunque pienso que son perfectas para un café sabroso y con cuerpo: algún café turco o alguno especiado, como el iraní.
También pienso que pueden acompañar perfectamente a un buen vino dulce, como postre con unos dátiles o unos higos secos.
Las koulourakia (pronunciado ku·lu·rá·kia) son unas galletas a las que se les suele dar forma de trenza, lazo, espiral o incluso forma de galleta clásica, se glasean con huevo y se espolvorean con sésamo. Parece que su origen está en la isla de Creta, en la cultura minóica, donde se les daba forma de serpiente, ya que eran adoradores de este ofidio.
Se elaboran con mantequilla, harina, huevos y leche. Y se les añade una especie conocida en la cocina del Mediterráneo Oriental como mahlep, mahlaba o mahleb. Esta se extrae de las semillas de las cerezas de Sta. Lucía (Prunus Mahaleb). Tiene un aroma que recuerda la mezcla del sabor de la almendra amarga y de la cereza. Muy usada en esa zona, por aquí es muy difícil de conseguir. Como no quería dejar de darle un toque aromático, cosa que ya habréis adivinado que me gusta, yo he elaborado mi particular mezcla. No he conseguido ningún sucedáneo de la especia que os contaba, pero las galletas tienen un sabor en el que no prevalece ninguna de las especias que he puesto (canela, jengibre, nuez moscada, cúrcuma). De hecho, parece que sea una especia particular y que ninguna de ellas esté realmente en la masa.
El resultado ha sido realmente sorprendente. Unas galletas con unos ingredientes sencillos y habituales, y de una textura crujiente y entera a la par que de sabor suave y lleno de matices.La mantequilla y la leche le dan una personalidad muy especial a la masa, sin que sus sabores prevalezcan en modo alguno. Tampoco son especialmente dulces, por lo que tienen personalidad propia.
Exquisitas con el té. Aunque pienso que son perfectas para un café sabroso y con cuerpo: algún café turco o alguno especiado, como el iraní.
También pienso que pueden acompañar perfectamente a un buen vino dulce, como postre con unos dátiles o unos higos secos.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Apfel Strudel
He estado varios días sin ordenador y no he podido enseñaros las últimas producciones.
He seguido paseándome por la cocina internacional, aunque en esta ocasión he hecho un plato de sobra conocido, y hasta yo diría que algo pasado de moda, o viejuno que diría alguno...
El Strudel de manzanas es un dulce originario de Europa Central, muy extendido en Alemania, Austria y Suiza, y que se puede encontrar en casi todas las pastelerías o tomar como postre en muchos restaurantes o cafeterías de estos países.
Originalmente se hace con manzanas, aunque podemos hacerlo con otras frutas que nos inspiren. Envuelto en varias hojas de pasta filo, su jugoso relleno contrasta con su crujiente acabado exterior. Con un sabroso punto de mantequilla, que se utiliza principalmente sobre las hojas de pasta para que se cocinen y adquieran su sabroso y dorado acabado final. Y rematado también con un ligero toque de especias, limón y frutos secos, no es un postre excesivamente dulce, que deja muchos matices en su degustación.
Ideal a todas horas. Como desayuno energético y dulce, o acompañando a un buen tazón de café en una tarde de lluvia como la que nos acompañan estos días de principio de otoño. Lo podemos servir con algo de nata líquida o yogur.
Con la llegada de la nueva estación y de las primeras lluvias, este es un pastel que es una alternativa a las tartas de frutas del verano, ya que las manzanas de esta temporada son muy jugosas y apetitosas, además de aparecer las variedades que antes en verano no hemos podido disfrutar.
También llega una fruta que me encanta: la granada. Aquí os la enseño junto a un pastel que ya antes os he presentado. Se trata del jugoso Pastel de Toffee.
Lo hice para un cumpleaños y fue, otra vez, todo un éxito.
Y para terminar esta entrada, os voy a mostrar una nueva variación sobre las cookies clásicas. Se trata de una variación fruto de un encuentro con un poco de dulce de leche que tenía olvidado en el frigorífico.
Me había sobrado de un Millionaire's Shortbread y había olvidado que estaba esperando alguna ocasión para salir de allí convertida en alguna apetitosa receta.
El resultado fue una suave y jugosa galleta que dejaba un gusto final a toffee. Una sabrosa ocurrencia...
He seguido paseándome por la cocina internacional, aunque en esta ocasión he hecho un plato de sobra conocido, y hasta yo diría que algo pasado de moda, o viejuno que diría alguno...
El Strudel de manzanas es un dulce originario de Europa Central, muy extendido en Alemania, Austria y Suiza, y que se puede encontrar en casi todas las pastelerías o tomar como postre en muchos restaurantes o cafeterías de estos países.
Originalmente se hace con manzanas, aunque podemos hacerlo con otras frutas que nos inspiren. Envuelto en varias hojas de pasta filo, su jugoso relleno contrasta con su crujiente acabado exterior. Con un sabroso punto de mantequilla, que se utiliza principalmente sobre las hojas de pasta para que se cocinen y adquieran su sabroso y dorado acabado final. Y rematado también con un ligero toque de especias, limón y frutos secos, no es un postre excesivamente dulce, que deja muchos matices en su degustación.
Ideal a todas horas. Como desayuno energético y dulce, o acompañando a un buen tazón de café en una tarde de lluvia como la que nos acompañan estos días de principio de otoño. Lo podemos servir con algo de nata líquida o yogur.
Con la llegada de la nueva estación y de las primeras lluvias, este es un pastel que es una alternativa a las tartas de frutas del verano, ya que las manzanas de esta temporada son muy jugosas y apetitosas, además de aparecer las variedades que antes en verano no hemos podido disfrutar.
También llega una fruta que me encanta: la granada. Aquí os la enseño junto a un pastel que ya antes os he presentado. Se trata del jugoso Pastel de Toffee.
Lo hice para un cumpleaños y fue, otra vez, todo un éxito.
Y para terminar esta entrada, os voy a mostrar una nueva variación sobre las cookies clásicas. Se trata de una variación fruto de un encuentro con un poco de dulce de leche que tenía olvidado en el frigorífico.
Me había sobrado de un Millionaire's Shortbread y había olvidado que estaba esperando alguna ocasión para salir de allí convertida en alguna apetitosa receta.
El resultado fue una suave y jugosa galleta que dejaba un gusto final a toffee. Una sabrosa ocurrencia...
jueves, 20 de septiembre de 2012
Cookies de naranja
En entradas anteriores ya os he presentado tanto la galleta más sencilla, como una variación con cacao.
Esta vez, y como ya empiezan a aparecer las primeras naranjas ecológicas, he pensado en darles un toque cítrico.
Además, he añadido también una pizca de especias. Con el ligero aroma picante del jengibre y la alegría de la eterna canela el resultado es un sabor que a la par que aromático tiene ligeros toques exóticos y un fondo ligeramente ácido.
Unas galletitas ligeras que acompañan un buen té, o un café, con leche. Aunque también son la excusa perfecta para abrir la lata de las galletas a cualquier hora.
Esta vez, y como ya empiezan a aparecer las primeras naranjas ecológicas, he pensado en darles un toque cítrico.
Además, he añadido también una pizca de especias. Con el ligero aroma picante del jengibre y la alegría de la eterna canela el resultado es un sabor que a la par que aromático tiene ligeros toques exóticos y un fondo ligeramente ácido.
Unas galletitas ligeras que acompañan un buen té, o un café, con leche. Aunque también son la excusa perfecta para abrir la lata de las galletas a cualquier hora.
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